Sólo se puede quedar anonadado después de ver la belleza que el castillo, ideal no sólo para su creador, Ferdinand Cheval, sino para cualquier que tiene la gracia de verlo siquiera tras la forma plana de una fotografía. Saber, tan sólo, que existe algo así, hace creer en las fantasías, en que se puede hacer todo lo que se tiene en mente, en los sueños de excitante imaginación. En que siempre habrá algo que nuestra imaginación dibuje por los deseos de que se haga realidad, palpable para todos. Ninguna forma es imposible de hacerse. Se puede llegar allí vía vuelos a París.

le palais idéal por QbiT

El Palais Idéal tomó 33 años en salirse de los sueños para vivir en el mundo mortal, mortal sólo para los comunes humanos, ya que obras de la más extrema belleza como este palacio tendrá vida en la eternidad de la historia del arte.

Entre flora, hojas y ramas, se erige este edifico, en un ambiente natural tan calmo y propicio para esta ambrosía arquitectónica, que no esta ajena a la escultura y al misticismo budista que marca sus características e inspiración.

Le palais idéal du Facteur Cheval por David_Reverchon

Cheval comenzó la construcción de su sueño en 1879, formado por gran cantidad de piedras que fue recogiendo a tan sólo días de imaginarse la idea. Llevó las piedras en todas las modalidades (cestas, bolsillos, carretillas) y trabajó a toda hora del día, incluso en la suma oscuridad de la noche, ayudado, claro, por luz artificial.

Todas las piedras, que son el material principal, con el que se construyó este monocromo, pero sumamente enigmático castillo fueron adheridos entre sí, además de la utilización del cemento, con cal y mortero. Materiales que no sirvieron para confección alguna, sino sólo como pegamento. Las piedras fueron las materiales primas fundamentales que saltan a la vista.

Le Palais Idéal du Facteur Cheval por Mélisande*

Este palacio indudablemente es un hito cultural para Francia (ver hoteles en Francia) que contrarresta la majestuosidad, pomposidad, asimismo frivolidad del Palacio de Versalles, por ejemplo. Aunque pertenezcan a épocas totalmente distintas y a propósitos mucho más disímiles todavía. Mientras que el de Versalles fue el de la inalcanzable realeza, el de Cheval, en Hauterives, es el palacio del imaginario, del misticismo, y -si se puede decir sin sonar demasiado cursi- de la ensoñación del pueblo.

Este pequeño gran palacio, con perfecto nombre de, en español, El Palacio Ideal, sirve justificadamente como tumba para su creador, que aunque inicialmente no pudo ser así por leyes de la época, aproximadamente en los años 20, ahora sí el cuerpo y espíritu reposan sobre, bajo y alrededor de su obra magna.

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